lunes, 2 de diciembre de 2013

Larsen regresa

Juan Carlos Onetti
Fue, paso a paso, con la velocidad que intuía apropiada a la ceremonia, cargando deliberadamente con la amargura y el escepticismo de la derrota para sustraerlos a las piezas de metal en sus tumbas, a las corpulentas máquinas en sus mausoleos, a los cenotafios de yuyo, lodo y sombra, rincones distribuidos sin concierto que habían contenido, cinco o diez años antes, la voluntad estúpida y orgullosa de un obrero, la grosería de un capataz. Iba vigilante, inquieto, implacable y paternal, disimuladamente majestuoso, resuelto a desparramar ascensos y cesantías, necesitando creer que todo aquello era suyo y necesitando entregarse sin reservas a todo aquello con el único propósito de darle un sentido y atribuir este sentido a los años que le quedaban por vivir y, en consecuencia, a la totalidad de su vida. Paso a paso, oprimiendo sin ruido la suavidad del piso, sin dejar de mover los ojos a derecha e izquierda, hacia máquinas estropeadas, hacia bocas de casilleros tapados con telarañas. Paso a paso hasta salir al viento frío y débil, a la humedad que se agolpaba en neblina, ya perdido y atrapado.


Juan Carlos Onetti, El astillero, editorial Alianza, 1970.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El mago me transformó en pájaro


El hombre aquel comenzó a transformarme en pájaro, en un pájaro de tamaño humano. Empezó por los pies: vi cómo se convertían poco a poco en unas patas de gallo o algo así. Después siguió la transformación de todo el cuerpo, hacia arriba, como sube el agua en un estanque. Mi única esperanza estaba ahora en los amigos, que inexplicablemente no habían llegado. Cuando por fin llegaron, sucedió algo que me horrorizó: no notaron mi transformación. Me trataron como siempre, lo que probaba que me veían como siempre. Pensando que el mago los ilusionaba de modo que me vieran como una persona normal, decidí referir lo que me había hecho. Aunque mi propósito era referir el fenómeno con tranquilidad, para no agravar la situación irritando al mago con una reacción demasiado violenta (lo que podría inducirlo a hacer algo todavía peor), comencé a contar todo a gritos. Entonces observé dos hechos asombrosos: la frase que quería pronunciar salió convertida en un áspero chillido de pájaro, un chillido desesperado y extraño, quizá por lo que encerraba de humano; y, lo que era infinitamente peor, mis amigos no oyeron ese chillido, como no habían visto mi cuerpo de gran pájaro; por el contrario, parecían oír mi voz habitual diciendo cosas habituales, porque en ningún momento mostraron el menor asombro. Me callé, espantado: El dueño de casa me miró entonces con un sarcástico brillo en sus ojos, casi imperceptible y en todo caso sólo advertido por mí. Entonces comprendí que nadie, nunca, sabría que yo había sido transformado en pájaro. Estaba perdido para siempre y el secreto se iría conmigo a la tumba.


Ernesto Sábato, El túnel, editorial Planeta, 1997.

jueves, 25 de abril de 2013

De la radical belleza



DIAMANTE

Lejanías la voz de mi costumbre
          han hecho ya
                        de mi pulmón
                                       diamante


RELÁMPAGO

Del rayo esclava
                        lí
                        mi
                        te
zig-zag que alumbra el hombre
             una cintura
                           femenina
                                     ciéganos


DESEO DESEAR HASTA LO ÚLTIMO

                           no me vendimie nadie
                                       Entre mis pámpanos
    las uvas tersas brillen
                       ojos miradme
                       manos no tocadme
Absorba de la tierra vida
                                   ofrézcala
         Mañana aún existe
                          con mano que amenaza
pero sin ojos que contemplen
                         no existirá mañana
      Entonces di      ¿Septiembre?
                      si haces boca tus manos
                      si haces ojos tus manos
                                    uvas textos eternos
sí cómeme Septiembre
                     contémplame Septiembre
        deseo desear hasta lo último




Francisco Pino, Así que, Ediciones Hiperión, 1987.

miércoles, 17 de abril de 2013

Contra la absolutidad de lo poético


Poesía por encima de todo determinismo enajenante. Decir que en la poesía está la verdad absoluta de la creación, no solo es negar la incertidumbre que nos hace humanos, sino envolver las palabras que la expresan con su propia iluminación cegadora que al final produce los mismos estereotipos que prostituía.


Antonio Arroyo Silva, La palabra devagar, Ediciones Idea/Aguere, 2012.

martes, 2 de abril de 2013

La paz prohibida


Allí la paz estaba prohibida para siempre, era tenida por el infierno.
Sólo al que mataba o era muerto se le consideraba un ser humano. Todos los demás eran gusanos, pobres diablos.




Elias Canetti, Apuntes (1973-1984), Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, 2000. Traductora: Genoveva Dietrich.

lunes, 11 de marzo de 2013

Locura cotidiana


- Si aislamos el pensamiento perdido, el pensamiento pasajero -dijo-, el pensamiento de origen indiscernible, entonces empezamos a comprender que estamos desquiciados por sistema, que la locura es cotidiana.
Nos encantó la idea de estar locos todos los días. Sonaba tan cierta, tan real.
- En lo más recóndito de nuestras cabezas -dijo él-, hay solamente caos y confusión. Si inventamos la lógica, fue para contrarrestar el yo de nuestra criatura. Afirmamos o negamos. Ponemos la N detrás de la M.
Lo más recóndito de nuestras cabezas, pensamos. ¿Ha dicho eso de verdad?
Se apoyaba con los puños en la mesa, blancos los nudillos.
- Todo lo demás es rendir culto al diablo -dijo.


Don DeLillo, El ángel Esmeralda, editorial Seix Barral, 2012.

Del luminoso desengaño


Recuerdo los días
en que yo era entero
mas a un precio alto: vivir
ahormado.

La manumisión
es obra del desengaño, el
más refulgente
de los diamantes.



Rafael Cadenas, Sobre abierto, editorial Pre-textos, 2012.